martes 17 de mayo 2011
Pero no nos importó porque era jueves, y nosotras ya truene, hiele, o abrase el sol, los jueves nos reunimos para almorzar y cotorrear, esta vez en el restaurante Widder en la plaza…
Cuando llegué Mónica presidía la mesa. Estaba imponente vestida de rojo. A su lado se sentaba, por primera vez en los almuerzos, Lucía Elowson de Argentina. Bienvenida!
También se reincorporó Ileana guapísima como siempre.
Adriana se estaba montando en el avión de regreso de Argentina. No creáis que además de controlar las que nos sentamos a la mesa también controlo las que se sientan en los aviones, pero envió un sms a Claudia que leyó a mi lado.
Eramos bastantes y ocupamos una mesa larga y estrecha. Me senté pegada a la pared bloqueada a mi flanco derecho por Viviana y a mi izquierdo por Claudia, y no tuve ocasión de cruzar una palabra con alguna de la cabecera más lejana hasta levantarnos para irnos.
La carta era muy variada, hasta incluía jamón de pata negra entre sus platos fríos. Qué pena que se me olvidó preguntar quién es su proveedor. Como es temporada de espárragos tenían varios platos cocinados con espárragos como ingrediente estrella.
Lo mejor es que nos sirvieron muy bien, y no nos atosigaron con la hora de cierre. Hoy no nos echaron. Nos fuimos. En dirección a la boutique Carmen Mendoza de nuestra amiga Carmen Mendoza, que nos invitó a café y champagne. Ahí se crea siempre muy buen ambiente y nos reímos mucho.
Lali por cierto, te olvidaste la correa de Luna.
Mónica, Eve, su esposo Rafael y Cielo fueron los más madrugadores. Montaron con éxito el primer stand hispano-latinoamericano en mucho tiempo, el último que yo recuerde fue hace unos 6 años.
Además de sangría, se vendía un combinado de tapas a base de gazpacho, mole, empanadilla, jamón serrano, tortilla de patatas, y aceitunas. Como gancho para atraer al público se expuso un jamón serrano procedente de un Lidl holandés, que menguaba con el paso de las horas hasta que se quedó en los huesos, ya rozando las 4 de la tarde, hora de cierre. También por su demanda se improvisó vender un plato de jamón acompañado de pan delicioso que Jorge salió a comprar sobre las 11. En el terreno de los postres, ofrecíamos un plato combinado de diferentes dulces como arroz con leche o las cientos de exquisitas bolitas do Bracil, elaboradas por Anahí y Ayrton.
Lo más trabajoso del día fue evitar que toda la comida se empapara cada vez que caía un aguacero. Estábamos como en una burbuja de plástico, sólo conectadas a la humanidad por el frente, con goteras en la unión de las dos carpas. Martha enfundada en un amplio anorak y bajo un paraguas oscuro se pasaba de vez en cuando para ver como nos iba el día. En el interior de la burbuja, el día transcurrió muy ameno, sin agobios, y con muy buena sintonía. Alguien comentó que hubiera estado bien amenizar el trabajo con un poco de música. En el backstage de la carpa, se refugiaban nuestras amistades y nuestros hijos a lo largo del día. Se comía, se bebía, se conversaba, se reía, se estaba todo el que quería.
Media hora antes de las 4 se puso a llover a cántaros.
Cuando llegó la hora de desnudar el parking de lonas, mesas, plásticos, frigos y otros enseres, que con una eficacia increíble y bajo la lluvia intensa desmontaron y recogieron algunos esposos, me di cuenta de que en los stands más próximos, el alemán y el francés, habían estado trabajando toda la tarde entre los plásticos, amigas mías de dichas nacionalidades. Estoy segura de que todos de los que me despedí cuando no quedaba ni huella de nuestro refugio, llegaron calados hasta los huesos, como el jamón. Creo que no me llegaron las dos salidas que realicé del stand para admirar lo que allí había acontecido. Era la oportunidad perfecta para encontrarse con toda esa gente que ha entrado en nuestras vidas a lo largo de los últimos años, y poder celebrar con ellos el privilegio de formar parte de una variadísima comunidad internacional, y disfrutar que nuestros hijos se muevan como peces en el agua, y nunca mejor dicho, en la lluvia en este día, bajo un ambiente de muy buena voluntad, compañerismo y libertad.
Yo, desde luego, repito. Eso sí, la próxima pienso estar mucho más alerta y tomar nota de todo lo que se cuece entre banderas, stands, shows, y público.
Lina, te debo una cerveza.
Buenas noches.
Raquel