SWEET AND SOUR

27 de abril 2011

Siempre que voy a un chino se me dibuja una sonrisa (sweet) cuando me acuerdo con nostalgia de lo que decía mi padre (sour) cuando llegaba a la hora del almuerzo: CHINO PINCHA LUEDA. Ya estaba otra vez el chino del restaurante cerca de nuestra casa coaccionándonos para que le vendiéramos nuestra plaza de garaje próxima a la suya. Era un chino de lo más frustado.

No sé si el restaurante chino Suan Long en Zug donde almorzamos hoy jueves 19 de mayo tiene chinos pincha luedas, pero sí debe de haber uno/a que cocina bien, porque todo lo que pedimos fue de nuestro agrado: el pollo al curry, el pollo al limón, el pollo con anacardos y verduritas, el pollo agridulce, las gambas, los calamares al vapor, o el tofu. No eché de menos la bebida de cola Sinalco del restaurante Widder, me gusta más la original que siempre nos pedimos unas cuantas.
El piso de arriba estaba ocupado sólo por nosotras, de modo que la atención fue muy exclusiva, nunca me habían rellenado mi copa de coca  cola como si se tratara de un buen reserva de tinto español. El servicio muy rápido, a las 2 y cuarto ya estábamos pagando aunque luego nos quedáramos otros quince minutos despidiéndonos.  No hubo equivocaciones, ni comida super picante o quemada. Todo transcurrió con absoluta normalidad. En mi lado de la mesa se habló sobre todo de chinos, de su gastronomía, de cómo había cambiado el país en los últimos 30 años, o de lo que se pegan a la gente mientras esperan en las colas de cualquier evento. Eve, que viajó dos veces a China, nos contó sus experiencias, lo difícil que resultaba elegir un menú en este país que no fuera a base de estrella de mar, caballito de mar, o cualquier otro tierno animalito más propio de ser protagonista de un cuento para niños que de caer en las redes de los fogones orientales.
Y lo que suponía comer algo sin saber de qué se trataba.
Un día decidieron pedir el plato más caro de la carta por aquello de que debía ser una delicatessen, lo probaron y sin duda no estaba mal, aunque no podían reconocer el sabor. Cuando llegaron al hotel googlearon el nombre del plato y se enteraron de que consistía en un nido de pájaros formado a base de su saliva, todo ello tratado debidamente para convertirlo en un manjar, antaño bocado preferido de emperadores. Y os aseguro que esta anécdota no es un cuento chino, palabra de Eve. Viviana, Carmen y yo disfutamos de sus historias que acompañadas de su gran expresividad arrancaron nuestras carcajadas y nos alegraron el día.

Quiero dar la bienvenida a Nati, española de Zaragoza, residente en Baar y filóloga como yo, que estará por aquí una temporadita.

No tomamos café en Suan Long. Nos fuimos de nuevo a la boutique Carmen Mendoza de nuestra amiga Carmen Mendoza. Carmen, casi que podrías montar un café boutique a este paso, y poner la terracita en la parte de atrás.
Manuela apunto estuvo de tomarse mi café con cafeína (que no tolera porque le roba el sueño) al que había echado por error 5 sacarinas, pobre de mí que lo tomo con leche y sin azúcar. Acepté de buen agrado un café sólo ya que se había acabado la leche y  porque como dicen, «a nadie le amarga (sour) un dulce (sweet)». Allí apareció nuestra Claudia con Fifí, que puso la pimienta al café.

Y aquí estoy mis queridas amigas bajo los efectos del café, acabando mi crónica, sweet and sour, agridulce, como la vida misma.

Raquel

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