5 de mayo 2011
Queridas amigas
Este domingo dia de la madre pone el broche a una semana de reencuentro con nuestras amistades, actividades, obligaciones y placeres. Una semana por tanto de adaptación a nuestras rutinas, de deshacer maletas y de poner orden en nuestros hogares. Y todo acompañado de un tiempo espléndido.
Este jueves 5 de mayo hemos almorzado en la terraza del Casino de Zug, que a pesar de ser el plan B, gustó mucho.
Fresco a la sombra y a gustito al sol, comenzamos con un prosecco que ofrecí con placer con motivo de mi cumpleaños, que fue el pasado lunes 2 de mayo, a todas las amigas que pudieron acudir. Por ese motivo había preparado un pequeño discurso que precediera al brindis, y que llevaba escrito en mi Iphone. Pero no tuve éxito porque no logré captar vuestra atención, aunque llegara tímidamente a golpear el cuchillo en dos copas delante de mí. Según transcurría el almuerzo iba perdiendo sentido leer ese pequeño speech, quizás no se estile en los cumpleaños, porque ya no acompañaba al prosecco. Cuando quise intentarlo de nuevo, se me había calentado tanto el Iphone al sol, que quedó por un tiempo inutilizable.
Y para que mi intención y mi ilusión no caiga en saco roto quiero compartir a través de esta no crónica lo que con emoción escribí el día antes del almuerzo.
Espero que hayáis pasado un feliz día de la madre como yo, en mi caso el segundo, porque en España se celebra el primer domingo de mayo.
Esta semana (con motivo de mi cumpleaños) mi madre me contó algo que yo posiblemente ya sabía pero que habré querido olvidar.
Nací con dos vueltas de cordón al cuello, medio axfisiada en mi meconio y ayudada de forceps y ventosa. Esa información supuso un valor añadido a mis 43.
Supongo que por eso desde entonces me gustan las sensaciones fuertes. Lo del jamón ibérico fue después. Y también los almuerzos de los jueves.
De pequeña era muy obediente y estudiosa.
Luego cambié y se complicó todo un poco. Me eché un par de novios extranjeros, y me quedé con el mejor. Mi padre me preguntaba porqué no podía ser un galleguiño con todos los que había, pero yo ya había decidido que me gustaban los retos.
En la universidad me apodaron coco loco sólo porque era diferente, porque hacía las cosas de diferente forma. Llegado el día emigré con dos maletas y un trabajo a Holanda. Y ese fue el comienzo de mi andadura hasta llegar aquí.
Dicen que la vida no es color de rosa. Pero a veces es de color rojo pasión, rojo que te quiero rojo.
Me gusta perderme en las alturas, pero también disfrutarla con vosotras en la tierra, en nuestra Babel.
Leí hace poco un artículo sobre alguien muy sabio que decía que «la vida es lo que nos sucede mientras hacemos planes de futuro».
La vida es hoy, es ahora, es estar aquí con vosotras, es organizar el almuerzo y disfrutarlo, y es ayer, es incluso todo lo malo que nos haya ocurrido y es reponerse de ello.
Brindo por las ganas de vivir, por el amor y la amistad, por las mujeres y los retos.
Por nosotras.
Con cariño
Raquel