jueves 13 de octubre de 2011
Quedamos con Gina a las 12 en el restaurante Focus Pier 41. Gina es vecina de Rosa y se ofreció a recibirnos en el Pier 41 con un welcoming drink, una copita de espumoso. Todo un detalle de su parte. Había dos mesas dispuestas, una de ellas todavía vacía. Completamos la primera. Gina quería quedarse para brindar todas juntas pero le expliqué que vamos llegando a cuentagotas y una media hora después y tras haber levantado su copa con las allí presentes, decidió marcharse.
Apenas me senté sirvieron la sopa a las amigas a mi lado, y cuando terminaban su café yo empezaba con el segundo plato.
Nos tocó la camarera que me atendió el día anterior, Francisca, que no sonrió ni una sola vez en todo el almuerzo. No tenía por qué hacerlo, no somos tan chistosas, pero es que tampoco hablaba. Dudé un instante hasta que me di cuenta de que la bolita que tenía en la nariz era un piercing.
Cuando llegó Claudia a nuestro almuerzo me dijo casi espantada, por lo menos podía sacarse el moco de la nariz, que no Claudia, que es un piercing, pues parece un moco, que sí, que tienes toda la razón, no es agradable.
Bueno pues Francisca o Paquita se estresó un montón al tomar nota. Entiendo que hace falta un poco de paciencia con nosotras, pero el día anterior éramos sólo tres y ya dejó constancia de su simpatía. Volviendo al almuerzo, yo me levanté a preguntarle algo y se volvió hacia mí en un medio giro brusco, colocando sus brazos como para recibir un balón de rugby, estirando los dedos de las manos y me dijo «stop». Y me quedé más parada y más tiesa que un stop.
Volví a mi asiento. Cuando llegó a mi zona, me encantó Rosa, que le dio muchos ánimos a Francisca diciéndole que no se preocupase, que lo estaba haciendo muy bien. Y seguro que lo estaba haciendo lo mejor que podía.
El menú del Pier ofrecía tres sopas y tres ensaladas a elegir, un plato de pescado, otro de carne y un vegetariano, en una libreta en la que se puede leer el menú del día en la parte izquierda, cada plato precedido de un número. En la derecha hay tres tiras de números, y en cada tira se coloca el número del plato escogido. Queriendo ser novedoso resulta un poquito enrevesado.
El Pier 41 es un bar lounge muy estiloso, con moderno mobiliario y decoración esmerada.
Está abierto todo el día y es ideal para tomarse un vino o una cerveza al caer la tarde. Es también una opción para salir de marcha, ya que cierra los jueves a las 2 de la mañana y el fin de semana a las 4, con porteros, cola para entrar, ambiente y toda la parafernalia de la noche. Aunque con la música alta ya sabéis, apenas se puede conversar.
Parece que la comida era aceptable, y el menú económico, exceptuando las hojas de la rucola que venían tristísimas.
En el otro extremo de la mesa hablaron sobre qué hacer en el almuerzo de Navidad. Será el uno de diciembre en el restaurante Bauernhof, donde nos tratan tan bien.
Se fueron yendo algunas y quedamos las demás tomando café, charlando y terminándonos el montón de botellas de litro de agua que sirvieron en el almuerzo.
Yo quizás vuelva un día a cualquier hora, eso sí, lo primero si veo a Francisca le digo «Paquita, hoy pórtate bien».
