LIMONES, MAGNOLIAS, ROSAS Y NOSOTRAS

jueves 24 de marzo 2011

Tan pronto colgué el teléfono esta mañana reparé en el número de comensales. El 13 siempre lo he asociado al mal augurio.
Cuando llegué al restaurante Liguria comprobé que éramos 12 y respiré hondo. Quién faltaba? Manuela me explicó que en algunos hoteles en New York no hay piso 13, parece que los turistas asiáticos temen este número. Yo, aunque a la vista está que no tengo nada de asiática a excepción de que me gusta el picante, doy cierta credibilidad al asunto, más por la superstición galleguiña que por la inteligencia que nos caracteriza a las mujeres. Al rato de tomarnos nota, para mi sorpresa, Samuel retiró la mesita sobrante.
Eché mano de la tecnología y volví sobre nuestra última comunicación de ayer. Mi Iphone 4 indicaba que faltaba Vivi, que vendría para el cafesito. Y así fue, como prometió, con esa frescura que da haber realizado un deporte que gusta, y pescando en nuestras conversaciones para recuperar el sedal. Para entonces, Lorena ya nos había dejado con prisas, y creo recordar que Anahí, que se despedía para iniciar su periódico viaje a Brasil, donde disfrutará un mes por aquellas tierras, también. Te voy a echar de menos.
Ya veis, nunca llegamos a ser trece!
Mónica prometía orden para escucharla en cuanto se comentaran unos asuntos sobre la próxima fiesta del colegio. Manuela reparó con mucho acierto, detalle y sensibilidad, cuando Lali volvía del cuarto de baño, en su sombra de ojos, que nunca antes se había aplicado, y que hoy, buscando aprobación, se atrevió a dibujar en sus párpados, con acierto. Bienvenida al club de las sombras, Lali.
Y qué más?
Juana, la madre de Carmen, disfrutó hoy del último jueves de esta temporada. Que tenga un buen regreso y hasta pronto.
Por cierto, Carmen no cerró la tienda, le sustituyó su marido, y casi les taladran a los dos con las obras del edificio de al lado.
El menú muy variado, delicioso y bien servido, y la atención muy correcta, me dicen que por mayoría el Liguria se lleva un plus.
Limones, magnolias, rosas y nosotras. El lago en calma de Zug que se disfrutaba desde las amplias ventanas del restaurante Liguria, nos aportaba, además de belleza, cierto sosiego.
Porque para tempestad, ya nos sobramos.

Éramos todas las que estábamos, pero no estábamos todas las que somos. Un beso a las ausentes.

Os quiero

Raquel

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