viernes 1 de abril 2011
Además del jamon ibérico, ver mundo y poder dormir a pierna suelta, también me gustan las sensaciones fuertes. Almorzar todos los jueves con vosotras es una de ellas.
El restaurante Kreuz a orillas del lago, nos ofrecía de nuevo una vista privilegiada. Salía el sol a ratos, suficiente para lucir las gafas de sol de esta temporada.
Cuando llegué sólo estaba ocupada una mitad de la mesa. A mi diestra estaban Claudia y Eve, enfrente de Mónica, Lourdes, reincorporada a los almuerzos, muy bienvenida, con buen aspecto y con su habitual sentido del humor, y Carmen Pinós. Luego fueron llegando y sentándose a mi otro lado Carmen Mendoza, que ha cambiado el nombre de su boutique, de Violets a Carmen Mendoza, Clara que entró con Lina, después Marian y finalmente Manuela, que ocupó la cabecera. Hacía tiempo que no me sentaba en el medio, qué bien, pensé, pero pronto me encontré con un problema. Quería seguir la conversación de mi derecha, y me perdía de pronto en la conversación de mi izquierda. Socorro! Hablar se habló, pero de qué? Lo que sí escuché fueron muchas risas. A excepción de la organización de la fiesta del colegio internacional, y del cura que hace dieta Metabolic Balance y que visitó mi casa esta semana en época de cuaresma, todo lo demás que pillé son retazos de conversaciones entremezcladas.
Eso sí, acordamos preguntar en los almuerzos quién se ofrece para reservar el restaurante del jueves siguiente, así todas tendrán su oportunidad. Como habréis podido leer, Marian, que viaja a tierras escocesas el fin de semana para amadrinar a su sobrinito, ya ha hecho una reserva en una Brasserie cerquita de su casa.
Después de cerrar la cocina, aún vinieron Lorena y Vivi, que todavía pudieron hincarle el diente a un pescadito rebozado y crocante sobre un ramo de lechuga y a un sandwich de salami respectivamente, de esa carta fría que ofrecen en Suiza a los de last minute.
A medida que iba transcurriendo el almuerzo, la tarde se iba nublando, y para la hora del café, que se tomó en casa de Manuela, llovía de verdad.
Claudia, como si se tratara de Superman, utilizó su coche a modo de cabina telefónica y apareció en casa de Manuela calzando sus Burberry de lluvia.
Gracias por el cafecito Manuela, tienes que ser muy feliz con esa vista, lo pasamos muy bien. Qué linda luce tu figura. Ánimo.
Compartimos paraguas a la ida y a la vuelta, y si no llega a ser por Manuela, que descolgó medio cuerpo por la ventana de su salón, agitando el brazo y vociferando, como si nos diera la más eufórica de las despedidas, hoy no estaría escribiéndos esta humilde crónica hecha con amor. Me había olvidado el móvil!
Vuelo hacia Madrid con una hora de retraso, a mi lado un cincuentón disfruta como un niño con los dibujos de Tom y Jerry, teníais que verle la cara. La señora de delante lee un artículo de una revista en inglés que titula «I eat sofa’s», y aparece en la foto una chica tumbada muy relajada y rodeada de sofás, adicta a comer el relleno de los sofás. Qué curioso! Espero que esta señora no esté subscrita a esta revista, aunque me dan ganas de pedírsela para echarme unas risas.
En Madrid me esperan un plato de huevos rotos y un hombre con otros bien puestos, disculpas por mi poco recato. Una vez en el avión nos contaron 20 veces pero el cálculo les daba erróneo. Había un pasajero de más. Nos contaron otras 20.
Precisión suiza.
Igual.
Preguntaron quién de los que estábamos no iba a Madrid, pero ningun idiota, con perdón, se levantó.
Yo esperaba que quizás la de la revista…
Contaron de nuevo, pero esta vez sólo los asientos vacíos. Había sido un fallo de ellos, un fallo! no había ningún terrorista camuflado como yo pensaba.
Preciqué suiza?
Eramos todas las que estábamos pero no estábamos todas las que somos.
Besos a las no presentes, (me gusta más que ausentes) y en especial a Ana.
Disfrutad!
Raquel