CRÓNICA EN BABEL

martes 8 de abril 2011

Agarré la calandria para ir de paseo con mis chinos. No tomé la buseta con los peludos porque por los parlantes se oía la musica a todo volumen, y no quería tronarme con el chófer del pecero, además que el tipo era un sangrón. Dale, se hace tarde.

Cogí el coche de caballos para ir de paseo con mis niños. No cogí el bus con los niños porque por los altavoces se oía la música a todo volumen, y no quería enfadarme con el conductor del autobús, además el tipo era un engreído. Vamos, se hace tarde.

Calandria, brevete, chinos, coger,  peludos, buseta, bocina, parlante, tronar, sangron.

Palabras.
Español.
Comunicación.
Babel.

Este es el pan de cada día en nuestros almuerzos de los jueves.
Qué riqueza de idioma y qué suerte tenemos de poder disfrutarlo.
La mesa cubierta de papeles esparcidos escritos a mano. Un sobre que viajaba de unas manos a otras se hacía, con el paso de los minutos, más pesado. Todas las interesadas introducíamos una contribución como fondo para sufragar futuros gastos de la citada fiesta en crónicas anteriores. Se pedía atención, y esta vez en serio. Se cerraron acuerdos, la paella (la primera vez que hicimos paella en mi casa olvidamos el azafrán, quedó bautizada como paella blanca), se sustituyó por gazpacho (los míos conocidos hasta en Holanda). Yo eché mano de la receta que muy amablemente me apuntó Angel, del restaurante del hotel Palacio de Tepa en Madrid, nuestro ángel de la sangría, que escribió lo que yo no atiné a escribir la noche anterior, en un post it, cantidades exactas de ingredientes para conseguir un perfecto combinado de sangría. Gracias Angel!
Para nuestra sorpresa Viviana, bellísima,  pudo disfrutar del almuerzo de principio a fin esta vez, y me encantó escucharla contar sus historias interesantes de otros tiempos no muy lejanos, mientras enriquecía mi español de vocablos mejicanos.  Mónica también contó alguna anécdota divertida en su español  y tomé nota en mi Iphone de colombianismos, y nos reímos un rato.
El restaurante Maienrisli Brasserie en Baar que siempre cierra a las dos, excepto los jueves que almuerzan las chicas hispanas, tenía como todos los demás sus más y sus menos, su plus y sus contras.

Plus: estábamos juntas.
Contra: cualquier ensalada que se pida, ya sea de entrante o como acompañamiento en el segundo plato se baña generosamente en salsa francesa. Importante: acordarse de pedirla sin salsa.

Plus: el entrecote al punto que pidieron  Lorena y Manuela, se saboreaba tierno sólo con mirarlo.
Contra: el estrés. No nos gusta. No estamos acostumbradas a ademanes y gestos de estrés, pero es lo que tiene ceñirse a un horario con una mesa de cotorras que tardan en pedir.

Plus: el parking de Coop y Migros justo al lado del restaurante es muy amplio.
Contra: el vitello tonnato de pavo estaba escondido debajo de la salsa. Y alguna de nosotras no lo terminó.

Plus: el capuchino estaba muy rico acompañado de su galletita.
Contra: se olvidaron de un café que luego pretendieron cobrar. Cosas del estrés.

Plus: el plato de pescadito crocante tenía muy buen buen aspecto.
Contra: a eso de la 14.55, nos pidieron literalmente que nos fuéramos.

Plus: lo pasamos muy bien.
Plus: lo pasamos requetebién.
Plus: lo pasamos padrísimo, chévere.

En la terraza al sol tenían unas mesas donde Eve remató sus anotaciones y por poco la dejamos allí sola rodeada de más papeles.

Próximo encuentro, según he entendido, podría ser un grill en casa de Lorena.
Muchas gracias a Marian por organizar el almuerzo. Por cierto, seguro que me perdí algo  que contaste sobre el bautizo de tu ahijado y vuestro fin de semana en Escocia, porque yo, este jueves,  escuché las historias a  mi izquierda, allí, en Babel.

Eramos todas las que estábamos, pero no estábamos todas las que somos. Besos a las no presentes.
Disfrutad!

En la foto que añado ya se había marchado Martha y nos habían recogido los platos.

Muchos besos

Raquel

Deja un comentario